Ángelus del Papa
Las familias custodios de la vida y no los propietarios
31 Diciembre
“Esta es la misión a la cual está orientada la familia: crear las
condiciones favorables para el crecimiento armonioso y pleno de los hijos, para
que puedan vivir una vida buena, digna de Dios y constructiva para el mundo”.
En su alocución del primer domingo después de Navidad, en la que se celebra
la Fiesta de la Sagrada Familia, el Santo Padre invitó a reflexionar sobre la
experiencia vivida por María, José y Jesús, mientras crecen juntos como familia
en el amor recíproco y en la confianza en Dios. “La expresión de esta confianza
es el rito realizado por María y José con la ofrenda del hijo Jesús a Dios:
«Llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor» (Lc 2,22), como exigía
la ley de Moisés. Los padres de Jesús van al templo para confirmar que el hijo
pertenece a Dios y que ellos son custodios de su vida y no los propietarios”.
Este gesto, indica que solamente Dios es el Señor de la historia individual
y familiar; y que todo nos viene de Él y por ello, toda familia está llamada a
reconocer tal primacía, cuidando y educando a los hijos a abrirse a Dios que es
la fuente misma de la vida. “Por aquí pasa el secreto de la juventud interior,
testimoniado paradójicamente en el Evangelio, por una pareja de ancianos,
Simeón y Ana. El viejo Simeón, en particular, inspirado por el Espíritu Santo
dice a propósito del niño Jesús: «Este niño será causa de caída y de elevación
para muchos en Israel; será signo de contradicción […] así se manifestarán
claramente los pensamientos íntimos de muchos» (vv. 34-35)”.
Estas palabras proféticas, revelan que Jesús ha venido para hacer caer las
falsas imágenes que nos hacemos de Dios y también de nosotros mismos; para
“contradecir”, las seguridades mundanas sobre las cuales pretendemos apoyarnos,
pero también dijo el Papa, para hacernos “renacer” a un camino humano y
cristiano auténtico, fundado en los valores del Evangelio. “No existe alguna
situación familiar que esté cerrada a este camino nuevo de renacimiento y de
resurrección. Cada vez que las familias, incluso aquellas heridas y marcadas
por la fragilidad, fracasos y dificultades, regresan a la fuente de la
experiencia cristiana, se abren caminos nuevos y posibilidades inesperadas”.
Hoy el Evangelio nos habla de esta gran alegría de la familia de ver crecer
a los hijos. “Ellos están destinados a desarrollarse y fortificarse, a adquirir
sabiduría y a acoger la gracia de Dios, justamente como sucedió a Jesús. Él es
verdaderamente uno de nosotros: el Hijo de Dios se hace niño, acepta crecer,
fortalecerse, está lleno de sabiduría y la gracia de Dios está sobre Él. María
y José tienen el gozo de ver todo esto en su hijo; y esta es la misión a la
cual está orientada la familia: crear las condiciones favorables para el
crecimiento armonioso y pleno de los hijos, para que puedan vivir una vida buena,
digna de Dios y constructiva para el mundo”.
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