Hoy 15 de mayo, ha
sido presentada en la Sala Stampa de la Santa Sede, la Instrucción “Cor Orans”
(Corazón Orante), emitida por la CIVCSVA el 1 de abril de 2018 y aprobada por
el papa Francisco.
El documento ha sido
presentado por Mons. José Rodríguez Carballo, O.F.M., Secretario de la
Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida
Apostólica; y el P. Sebastiano Paciolla, O. Cist., Subsecretario de la misma
Congregación.
Este documento es
una «Instrucción aplicativa» a la instrucción Vultum Dei Quaerere y supone una
aplicación concreta de cuestiones que afectan al gobierno, la vida y la
formación de las comunidades monásticas femeninas en la Iglesia.
La nueva Instrucción
es un documento jurídico, que deroga incluso varios cánones del actual Código
de Derecho Canónico y sustituye a la anterior constitución Verbi Sponsa.
El documento
La Instrucción está
estructurada en cuatro capítulos fundamentales, dos de los cuales afectan
directamente a cuestiones de gobierno, otro a la vida de clausura de los
monasterios y un último capítulo dedicado a la formación de las mujeres
contemplativas.
El documento,
después de una introducción histórica, que recorre la doctrina sobre la vida
contemplativa desde el papa Pío XII y su Sponsa Christi, se centra en sus
primeros capítulos en las dificultades en el gobierno actual de los
monasterios, clarificando cuestiones sobre la autonomía de los mismos
(afiliación, traslado, supresión), estableciendo normas concretas para la
vigilancia eclesial (visitas canónicas externas, etc.) así como orientaciones
sobre las relaciones entre los monasterios y los obispos de las diocesanos.
Igualmente, el documento clarifica lo que han de ser y cómo han de funcionar
las federaciones de monasterios (presidenta, consejo federal, asamblea,
oficios, papel del Asistente religioso...).
Pero la instrucción
no solo aborda cuestiones de gobierno -que realmente son las más urgentes-,
sino también cuestiones sobre la vida de clausura ("separación del
mundo", tipos de clausura, uso de los medios de comunicación...) y sobre
la formación (permanente e inicial), en la que se destaca -además de la
necesaria adquisición de conocimientos- la importancia de la configuración o
identificación con Cristo. Un proceso que ha de ser siempre personalizado y
-según señala el documento- «integral, orgánico, gradual y coherente en sus
diversas etapas». Destaca, por otra parte, la importancia de la figura de la
formadora de las mujeres contemplativas y la promoción de su propia formación.
En definitiva, con
este documento la Congregación para Institutos de Vida Consagrada y de Vida
Apostólica pone las directrices concretas para adaptar las indicaciones de la
anterior constitución apostólica Vultum Dei Quaerere, lo que marcará la agenda
próxima de la vida consagrada contemplativa femenina. Esperemos que así sea y
que, por el bien de muchos monasterios, no se demoren en hacer suyas las
indicadas disposiciones.
Por otro lado, el
documento ayudará también al resto de la Iglesia y, sobre todo a sus obispos
diocesanos, a clarificar sus relaciones con la vida contemplativa en las
diferentes iglesias locales. Bienvenida sea, en todo caso, esta nueva
Instrucción que ayudará a que la vida contemplativa continúe «enriqueciendo a
la Iglesia de Cristo con frutos de gracia y misericordia» (VDq, 5).
Para ver el acto de presentación completo en Italiano Pinchar AQUI
Parte del texto aquí publicado ha sido tomado de Religión digital.
Alaba con naturalidad las cualidades de tus hermanas y celebrar sus
aciertos, tantos en su presencia como en su ausencia. Haz de esta alabanza y
celebración, objeto de oración gozosa ente Dios. Esto da cohesión a la
comunidad y la fortalece notablemente. Es contraria esta actitud a la de
compartir, querer sobresalir sobre las demás, dominar…. “Así se construye una
comunidad, por Adrián López, sj.”
La Comisión de Relaciones Fraternas, en el mes
de mayo de 2018, proponen llevar a Dios
a las nueve hermanas que forman la fraternidad de Santa Clara, en Cáceres. Que
sientan nuestra cercanía con la oración, y con nuestros pequeños detalles,
donde le mostremos nuestro amor fraterno. Recemos por todos sus proyectos de
vida evangélica.
Un saludo fraterno de las hermanas que formamos esta Comisión de Relaciones Fraternas.
Los
días 23 al 25 de Abril, tuvieron su primera reunión las nuevas hermanas
de la comisión de Relaciones Fraternas, en el Convento de Santa Ana,
Badajoz, para la elaboración del Boletín Clara de Asís.
Como recordamos, esta Comisión está formada por:
M. Mª Esperanza de Jesús Menacho López. Fraternidad de Ntra Sra de las Mercedes, Badajoz
Sor Rosa Mª Gamero Sosa. Fraternidad de Santa Ana, Badajoz
Sor Angeles Danwa Muoki, Fraternidad La Purisima Concepción, Siruela (Badajoz)
Sor Catalina Kavenge Mbevi. Fraternidad de Santa Clara, Belalcázar, (Córdoba)
Con esta publicación damos comienzo a la primera edición en formato digital PDF de nuestro Boletín, con ella buscamos que este pueda llegar también a todos nuestros hermanos franciscanos, ya que desde la erección de la nueva Provincia de la Inmaculada, al aumentar el número de fraternidades es muy costoso el poder enviarles un ejemplar. Así mismo, iremos poniendo en la sección "Publicaciones" los números anteriores según se vayan digitalizando.
El día 26 de Abril en la fraternidad del Santísimo Cristo del
Pasmo en Montijo, Badajoz, hizo su consagración al Señor mediante la profesión
de Votos Solemnes nuestra hermana Sor Inés Ruiz Miranda. La Eucaristía fue
presidida por Don Manuel Santos Durán y concelebrada por el Visitador de
Religiosas de la Diócesis Don Feliciano Leal, nuestro Asistente Religioso Fray
Isidro Moruno y varios sacerdotes diocesanos.
Felicitamos a nuestra hermana Inés y a su comunidad por esta generosa
entrega y con nuestra madre Clara susurramos a su alma: “por amor de Aquel a
quien te has ofrecido como hostia santa y agradable, recuerda siempre tu
propósito, y, con andar apresurado, con paso ligero, sin que se te pegue el
polvo del camino, segura, gozosa y dispuesta, recorre la senda de la bienaventuranza”.
(2CartCl)
El pasado sábado 14 de Abril, en la fraternidad de Santa
Clara en Carmona, hicieron su Profesión de Votos Solemnes nuestras hermanas
Jackline Kakuvi y María Cecilia Wavinya. La ceremonia fue presidida por el
Rvdo. D. Manuel Sánchez Sánchez, Canónigo de la Catedral y miembro del equipo
sacerdotal de las parroquias de la Blanca Paloma y Nuestra Señora de la Candelaria
y concelebrada por varios sacerdotes. En esta preciosa y emotiva celebración les
acompañaron también varias hermanas de nuestra Federación.
Desde nuestro Blog felicitamos a nuestras hermanas y a su
comunidad y les deseamos que cada día se abracen más estrechamente a Aquel que
ha ornado vuestro pecho con piedras preciosas y ha puesto sobre vuestra cabeza
una corona de oro, marcada con el signo de la santidad. (1CtaCla)
«Gaudete et
Exsultate» III Exhortación
apostólica del Papa Francisco
“Alegraos y regocijaos”: así comienza la nueva
exhortación apostólica del Papa Francisco, sobre la llamada universal a la
santidad, publicada este lunes 9 de Abril. La intención del Santo Padre con esta exhortación es la de “hacer
resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el
contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades”.
*Al final de la pagina, tienen el Documento en audio
La exhortación apostólica ‘Gaudete
et exsultate’ en 20 puntos
“Me gusta ver la santidad (…) en esos hombres y mujeres que
trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas
ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a
día, veo la santidad de la Iglesia militante. De aquellos que viven cerca de
nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión,
‘la clase media de la santidad'”.
2.
La santidad tiene nombre de mujer “desconocida”
“Dentro de las formas variadas, quiero destacar que el ‘genio
femenino’ también se manifiesta en estilos femeninos de santidad,
indispensables para reflejar la santidad de Dios en este mundo. (…). Me
interesa recordar a tantas mujeres desconocidas u olvidadas quienes, cada una a
su modo, han sostenido y transformado familias y comunidades con la potencia de
su testimonio”.
3.
¿Estás casado? Sé santo
“Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y
ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada
uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría
tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu
esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia...”
4.
La santidad de los pequeños gestos
“Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con
pequeños gestos. ”
5.
Los santos no son perfectos
“Para reconocer cuál es esa palabra que el Señor quiere decir a
través de un santo, no conviene entretenerse en los detalles, porque allí
también puede haber errores y caídas. (...)No todo lo que hace es auténtico o perfecto. Lo
que hay que contemplar es el conjunto de su vida, su camino entero de
santificación...”.
6.
Los escalones de la oración y la misión
“Nos hace falta un espíritu de santidad que impregne tanto la
soledad como el servicio, tanto la intimidad como la tarea evangelizadora, de
manera que cada instante sea expresión de amor entregado bajo la mirada del
Señor. De este modo, todos los momentos serán escalones en nuestro camino de
santificación”.
7.
El gnosticismo como enemigo de la santidad
“Cuando alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra
que no está en un sano camino y es posible que sea un falso profeta, que usa la
religión en beneficio propio, al servicio de sus elucubraciones psicológicas y
mentales (…) Creer que porque sabemos algo o podemos explicarlo con una
determinada lógica, ya somos santos, perfectos, mejores que la «masa ignorante”.
8.
La tentación del pelagianismo
“Muchas veces, en contra del impulso del Espíritu, la vida de la
Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos. Esto
ocurre cuando algunos grupos cristianos dan excesiva importancia al
cumplimiento de determinadas normas propias, costumbres o estilos. Es quizás
una forma sutil de pelagianismo, porque parece someter la vida de la gracia a
unas estructuras humanas”.
9.
Las bienaventuranzas, el carnet del cristiano
“Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: ‘¿Cómo se hace
para llegar a ser un buen cristiano?’, la respuesta es sencilla: es necesario
hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las
bienaventuranzas”.
10.
Reconocer la dignidad del otro
“Cuando encuentro a una persona durmiendo a la intemperie, en una
noche fría, puedo sentir que ese bulto es un imprevisto que me interrumpe, un
delincuente ocioso, (…) O puedo reaccionar desde la fe y la caridad, y
reconocer en él a un ser humano con mi misma dignidad, a una creatura infinitamente
amada por el Padre, a una imagen de Dios, a un hermano redimido por Jesucristo.
¡Eso es ser cristianos!”.
11.
El concepto de defensa de la vida
“Suele escucharse que, frente al relativismo y a los límites del
mundo actual, sería un asunto menor la situación de los migrantes, por ejemplo.
Algunos católicos afirman que es un tema secundario al lado de los temas
‘serios’ de la bioética. Que diga algo así un político preocupado por sus
éxitos se puede comprender; pero no un cristiano, a quien solo le cabe la
actitud de ponerse en los zapatos de ese hermano que arriesga su vida para dar
un futuro a sus hijos”.
12.
El culto que más agrada
“La oración es preciosa si alimenta una entrega cotidiana de amor.
Nuestro culto agrada a Dios cuando allí llevamos los intentos de vivir con
generosidad y cuando dejamos que el don de Dios que recibimos en él se
manifieste en la entrega a los hermanos”.
13.
No difamarás en redes sociales
“Los cristianos pueden formar parte de redes de violencia verbal a
través de internet y de los diversos foros o espacios de intercambio digital.
Aun en medios católicos se pueden perder los límites… Así se produce un
peligroso dualismo”.
14.
Evitar la violencia verbal
“El santo no gasta sus energías lamentando los errores ajenos, es
capaz de hacer silencio ante los defectos de sus hermanos y evita la violencia
verbal que arrasa y maltrata, porque no se cree digno de ser duro con los
demás, sino que los considera como superiores a uno mismo”.
15.
La humildad como camino
“La humildad solamente puede arraigarse en el corazón a través de
las humillaciones. Sin ellas no hay humildad ni santidad. (…)No digo que la
humillación sea algo agradable, porque eso sería masoquismo, sino que se trata
de un camino para imitar a Jesús y crecer en la unión con él”.
16.
El buen humor, imprescindible
“El santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor. Sin
perder el realismo, ilumina a los demás con un espíritu positivo y esperanzado.
Ser cristianos es ‘gozo en el Espíritu Santo’ (…). El mal humor no es signo de
santidad”.
17.
Llamada a la audacia
“Dios siempre es novedad, que nos empuja a partir una y otra vez y
a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las
fronteras. Nos lleva allí donde está la humanidad más herida y donde los seres
humanos, por debajo de la apariencia de la superficialidad y el conformismo,
siguen buscando la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida. ¡Dios no
tiene miedo!”
18.
En comunidad
“La comunidad que preserva los pequeños detalles del amor, donde
los miembros se cuidan unos a otros y constituyen un espacio abierto y
evangelizador, es lugar de la presencia del Resucitado que la va santificando
según el proyecto del Padre”.
19.
Combate contra “el Malo”
“La vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y
valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta
lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en
nuestra vida”.
20.
El discernimiento como vía
“Cuando escrutamos ante Dios los caminos de la vida, no hay
espacios que queden excluidos (…).El discernimiento no es un autoanálisis
ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros
mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos
ha llamado para el bien de los hermanos”.
La Congregación para la Doctrina de la Fe, publicó el pasado 1 de marzo del presente año, la Carta “Placuit Deo”. El título traducido es «Dispuso Dios [en su sabiduría revelarse a Sí mismo]», dirigida a los obispos y fieles para iluminar la fe y provecho de las almas a fin de evitar el relativismo religioso.
«La salvación completa de la persona no consiste en las cosas que el hombre podría obtener por sí mismo, como la posesión o el bienestar material, la ciencia o la técnica, el poder o la influencia sobre los demás, la buena reputación o la autocomplacencia. Nada creado puede satisfacer al hombre por completo, porque Dios nos ha destinado a la comunión con Él y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Él».
Con este documento, se desea reafirmar que “la salvación consiste en nuestra unión con Cristo, quien, con su Encarnación, vida, muerte y resurrección, ha generado un nuevo orden de relaciones con el Padre y entre los hombres, y nos ha introducido en este orden gracias al don de su Espíritu, para que podamos unirnos al Padre como hijos en el Hijo, y convertirnos en un solo cuerpo en el «primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8, 29)”.
El documento está compuesto de seis partes: La introducción; ‘El impacto de las transformaciones culturales de hoy en el significado de la salvación cristiana’; ‘Aspiración humana a la salvación’; ‘Cristo, Salvador y Salvación’; ‘La Salvación en la Iglesia, cuerpo de Cristo’; y la conclusión: ‘Comunicar la fe, esperando al Salvador’.
Disponible en la sección de Recursos / Documentos eclesiásticos en nuestro blog.
¡La
presencia de Jesús resucitado y glorioso esté con todos ustedes!
Este
año nuestra Orden celebrará el Consejo Plenario en Nairobi, poniendo en el centro
de nuestra reflexión el tema de la Escucha como condición de posibilidad para interpretar
creativamente lo que el Señor dice en su Palabra, en los acontecimientos diarios
y en la vida de cada uno de los hermanos. He pensado que esta carta pascual debe
estar en sintonía con este argumento, sacando de la fuente inagotable de la Palabra
algunos textos bíblicos paradigmáticos que puedan ayudarnos a comprender mejor el
misterio de la resurrección de Cristo y sobre todo el efecto que tiene un acontecimiento
de tal magnitud en la vida de todo creyente.
La
Cuaresma nos ha ofrecido claves de interpretación muy importantes en nuestro itinerario
hacia la Pascua. Cada domingo hemos escuchado algunos pasajes que nos demuestran
el compromiso de Dios al ofrecer el don de la salvación a un pueblo que la misma
Escritura define como de dura cerviz. En el segundo domingo de Cuaresma, especialmente,
la liturgia nos ha ofrecido el trozo neotestamentario de la Transfiguración del
Señor que quiere ser sin más un preludio del esplendor de la gloria que el Hijo
vivirá y que hará vivir a todos los que creen en él. Esta condición de gloria sin
embargo no será posible sin antes tener que enfrentar una de las pruebas más insidiosas
y desgarradoras, la muerte. Enfoco la mirada en primer lugar sobre este pasaje porque
en él se evidencia claramente una situación de perplejidad, confusión y aturdimiento
de los tres discípulos que Jesús había tomado consigo. Pedro en primer lugar, desea
un estado de bienestar que contrasta con la frase que Jesús había pronunciado precedentemente.
El que quiera salvar su propia vida, la perderá;
pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará (Mc 8,35).
La
versión del evangelista Marcos subraya el desaliento y la confusión que experimentaron
los discípulos después de haber recibido el anuncio de la pasión y muerte de Jesús.
Esta perplejidad se parece a la que experimentan los discípulos de Emaús, los cuales
pensaban que habían entendido lo sucedido en Jerusalén, pero a los que Jesús califica
como tontos y lentos de corazón (Cf. Lc 24,25). La escena de la transfiguración
pone un especial acento en el acto de “escuchar”. Cuando Jesús se transfigura ante
ellos una voz proveniente de la nube dice: Este
es mi Hijo, escúchenlo (Mc 9,7); un
imperativo muy útil para reafirmar la idea de que el poder de la muerte y el suplicio
de la cruz no pueden vencer la eficacia de la tarea mesiánica y salvadora, pero
que tal sacrificio se convertirá en una bandera de la victoria que proclama la derrota
de la muerte (Cf. ICo 15,55). Escuchar
aquí significaría optar como optó Jesús, aceptar el estilo propuesto por él, andar
detrás de él (Cf. Mc 8,34). Por un camino
que inicialmente no es glorioso ni lleno de estímulos, pero que llevará a cada persona
a la plenitud de la vida, a una vida verdadera en el amor, en la paz y en la comunión
con todos.
Un
segundo texto que quiero considerar, también en clave de escucha, es la narración
pospascual del encuentro de Jesús con los dos discípulos de Emaús (Cf. Lc 24,13-35). Un texto fascinante, escrito
con una notable habilidad, compuesto para ser una enseñanza sobre el camino de los
discípulos que aprenden a reconocer al Señor resucitado.
Los
textos evangélicos que narran los encuentros con el Resucitado son varios y diversos
en las formas, en las modalidades, en el estilo, pero concuerdan en subrayar que no
fue tan fácil, ni siquiera para los discípulos que habían vivido con Jesús, reconocer
al Resucitado. Los evangelistas coinciden sobre el hecho de que cuando los discípulos
se encontraban con Jesús resucitado dudaban y no estaban convencidos de quién fuera
porque no lo veían como lo habían visto pocos días antes, en su experiencia histórica,
en la carne de su humanidad, por lo cual se confirma que el resucitado es exactamente
el mismo, pero que es completamente distinto.
El
evangelista Lucas se enfoca en la idea de que no basta ver a Jesús para creer en
el Resucitado. Es necesario hacer un camino inteligente de comprensión de las Escrituras
para llegar, acompañados de Jesús mismo, a un reconocimiento cierto de su presencia.
En otras palabras, es la mediación de las Escrituras y la aplicación de éstas a
Jesús lo que hace despertar en la comunidad creyente una convicción de la verdad
de la Resurrección.
La
fe pascual no es sólo fruto del ver con los ojos sino de repensar las Escrituras
observando su cumplimiento en la persona del Resucitado. He aquí por qué la visión
por sí sola no es suficiente: no es la aparición lo que persuade sino la explicación
de la Escritura y el itinerario de crecimiento que se hace hacia una madurez en
la fe. El mismo Pablo afirma en la carta a los Romanos: ¿cómo invocarán a aquel
en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?;
¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie? (Rm 10,14). Lucas ambienta el episodio en una tarde mientras el sol está
ocultándose. Los discípulos se dirigen a Emaús por un camino en descenso, es un
camino de retorno a casa, marcado por la tristeza y por el deseo de replegarse hacia
un ambiente privado, caracterizado por el fracaso y por la desilusión. Retornan
porque sienten que se han equivocado, que han perdido el tiempo en su vida. Habían
seguido a un personaje, a Jesús, esperando que fuera él quien salvara a Israel,
y en cambio todo ha acabado trágicamente. En algún momento se une Jesús y camina
con ellos. Los dos discípulos que debían conocer muy bien a Jesús porque habían
estado con él por un buen período de tiempo, ahora no son capaces de reconocerlo.
¿Por
cuál motivo?
Después
de este acercamiento físico del Resucitado hacia los discípulos, toma también la
iniciativa de preguntar ¿qué son esos discursos?
(Lc 24,16). Jesús muestra una actitud
educativa y hace una pregunta retórica para hacerlos expresar e involucrarlos. No
se manifiesta de inmediato porque el reconocimiento del Resucitado exige un camino.
Parafraseando la pregunta Jesús está diciendo: ¿Qué es lo que están pensando? ¿Qué
es lo que los preocupa? A la pregunta hecha por Jesús sigue una larga respuesta
de parte de estos dos discípulos cargada de presunción y del deseo de querer enseñar
algo: prácticamente es la transmisión oral del fracaso que están experimentando
en aquel preciso momento. He ahí por qué no lo reconocen, están convencidos de saber
más que aquel forastero con quien acaban de encontrarse.
Un
detalle que conviene notar se encuentra en el hecho de que el evangelista ha puesto
en escena dos discípulos pero sólo da el nombre de uno, Cleofás. ¿Quién podrá haber
sido el otro? Considerando la naturaleza propia de las narraciones bíblicas desde
el punto de vista narrativo, el narrador deja un espacio para que el lector se
sienta involucrado y ocupe también un lugar dentro de la narración. El otro discípulo
soy yo, eres tú, es todo creyente que recibe este anuncio. Habría otros detalles
que se podrían subrayar en estos textos, pero tratando de mirarlos integralmente
quisiera más bien plantear una pregunta. ¿Nosotros, los hermanos de este tiempo,
estamos convencidos de reconocer a la persona del Resucitado que camina también
con nosotros?
Durante
las visitas que he tenido el privilegio de realizar en algunas Entidades de nuestra
Orden, he podido constatar que una gran mayoría de hermanos y hermanas saben dar
testimonio de la resurrección del Señor con su propia vida; sin embargo, también
he constatado que en ciertos lugares existen “rumores” externos o inclusive internos,
que obstaculizan la intención de ponerse a la escucha del Señor e impiden emprender
un camino de profundo discernimiento semejante al que vivieron los dos discípulos
de la narración, después de haber vivido junto con Jesús un momento eucarístico
sublime y de salvación.
Me
parece que estamos expuestos a un doble riesgo que alcanzo a vislumbrar en las narraciones
evangélicas mencionadas. Por una parte, el miedo y la perplejidad cuando debemos
enfrentar las adversidades que nos mueven a quedarnos en nuestra “zona de confort”,
evitando escoger el camino de la cruz propuesto por Jesús. Es como si tratásemos
de ahorrarnos los momentos de malestar para experimentar un estado de un falso bienestar
que nos lleva a dar prioridad a nuestro propio proyecto, dejando en segundo plano
el proyecto de Dios. Por otra, podemos adoptar la actitud inicial de los dos discípulos
de Emaús, es decir, de quienes creen saberlo todo e instruyen a los demás, incluso
en el pesimismo y en el desaliento, sin siquiera detenerse un momento para escuchar
a los interlocutores. Con dolor, de cuando en cuando debo enfrentarme con la realidad
de hermanos que sufren las consecuencias de la falta de comunicación en las fraternidades
locales y provinciales. Esto me da una ulterior confirmación de que las personas
“llenas” de sí mismas difícilmente pueden abrir un espacio para escuchar la voz
del otro, y no son capaces de hacer callar tantas voces que hablan simultáneamente,
para dar la prioridad al silencio como un espacio privilegiado para escuchar a
Dios y para leer los signos de los tiempos con audacia y sabiduría. El problema
grande aparece cuando las cosas no suceden como se preveía. Sucede lo mismo que
sucedió a los discípulos de Emaús, a saber, la desilusión, el fracaso, la desolación,
el deseo de abandonar todo para volver atrás y no querer volver a saber nada del
asunto. Asistimos entonces al derrumbamiento del proyecto personal porque creíamos
que éramos nosotros el centro de todo, quitando de en medio a Jesús, verdadero y
propio autor de todo proyecto.
El
evento de la Resurrección no puede ser reducido a la contemplación de un muerto
que vuelve a la vida. La Resurrección sobrepasa la dimensión de lo físico y nos
lleva a una experiencia de auténtica salvación, con los efectos que ella produce,
como sucedió a los discípulos de la primera generación. El evangelista Lucas insiste
en la idea de que sólo se puede reconocer al Resucitado cuando se camina con él,
mientras nos enseña y explica las Escrituras, y especialmente cuando nos sentamos
a la mesa con él para compartir el pan partido: Se les abrieron los ojos y lo reconocieron, dice el texto, para subrayar
que, a pesar de su necedad, después de haber caminado junto con él, lograron redescubrir
la nueva presencia del Resucitado. Esta es la bella noticia declarada por el Evangelio
mismo: también nosotros seremos capaces de vencer toda tentación de autorreferencialidad
o de escepticismo si nos ejercitamos en escuchar a Dios y a nuestros hermanos, si
somos capaces de entender con la mente y con el corazón la Palabra revelada que
se nos ha encomendado. En san Francisco encontramos el claro ejemplo de alguien
que hace un camino de vida evangélica, junto con sus hermanos y con los pobres,
y que llega con el corazón lleno de gozo al reconocimiento de Aquel que transformó
para siempre su vida.
Concluyo
esta carta con las palabras que nos ha regalado el papa Francisco en la carta de
cuaresma para este año: “En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de
encender el cirio pascual: la luz que proviene del “fuego nuevo” poco a poco disipará
la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica: “Que la luz de Cristo, resucitado
y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu”, para
que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después
de escuchar la palabra del Señor y alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón
volverá a arder de fe, esperanza y caridad” (Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma de 2018).
A
todos ustedes les deseo una bendita y santa Pascua en el camino de la escucha y
del discernimiento, es decir, de la vida renovada en Cristo.